"Con mi Espíritu" por Luis M. Ortiz
En el libro del profeta Zacarías 4:4, leemos:“Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es la Palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No es con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”. El propósito de estas palabras fue para alentar a Josué y Zorobabel en la gran labor que tenían de restaurar el templo y la nación de Judá después de la cautividad en Babilonia. Les fue dicho a ellos que la verdadera fuente de poder para realizar su tarea no era con ejército ni con fuerza humana, sino con la unción del Espíritu Santo. Y fue precisamente con esa poderosa unción del Espíritu Santo que Josué y Zorobabel realizaron el trabajo. Con relación al servicio, Nadab y Abiú en su propia opinión y fuerza ofrecieron fuego extraño a Jehová, y por tal acción murieron, y el pueblo aprendió que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios. Con relación a escoger líderes, el pueblo actuó en su fuerza y concepto humano, pidieron rey y vino Saúl. Ellos querían ser como las otras naciones. Aprendieron ya tarde que el verdadero Rey es Jehová; que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios. Todas las profecías de los profetas antiguos no vinieron a ellos por su fuerza humana o intelectual, sino que es como nos dice el apóstol Pedro, “que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. En los apóstoles vemos al Espíritu Santo usando a los grandes escritores en las grandes revelaciones e interpretaciones de la obra de Cristo. Vemos los dones y los frutos del Espíritu Santo en plena operación. Y a lo largo de la historia de la iglesia de Jesucristo, sus grandes victorias han venido exclusivamente por medio del poder, de la manifestación, de la unción, del bautismo, de los dones del Espíritu Santo. En las Islas de Hawái otro gran avivamiento del Espíritu Santo sacudió estas Islas en 1837. El hombre lleno del poder del Espíritu Santo lo fue Tito Coan. Las multitudes acudían a escuchar la Palabra de Dios. La gente temblaba, lloraba, gritaba, clamaban por perdón. Un domingo 1,705 personas fueron bautizadas en las aguas, y 2,400 participaron de la Santa Cena. Cuando Coan salió de las islas de Hawái, él mismo había bautizado 11,960 nuevos convertidos. En el año de 1,821 un joven abogado en el pequeño pueblo de Adams, en Nueva York se fue al bosque a orar. Allí fue lleno del poder del Espíritu Santo. Éste fue el gran evangelista Charles Finney. Mientras él predicaba el poder de Dios era tan grande que el pueblo comenzaba a gemir y a implorar el perdón de Dios, y él tenía que detener su predicación y dejar que Dios trabajara en esas vidas. Amados, en nuestros días el Espíritu Santo desea hacer lo mismo que ayer. La razón porque el mundo no ha sido totalmente evangelizado es por la falta del poder del Espíritu Santo. Es porque generalmente hablando, se estriba más, se depende más de la fuerza humana, de la sabiduría humana, del talento humano, de todo esfuerzo y recurso humano que del glorioso poder del Espíritu Santo. Nos olvidamos que el Espíritu Santo logra más en unos minutos, que todos nosotros en un año de trabajo en nuestras propias fuerzas. Como uno puede servir mejor a Dios y a su obra llenando el corazón del poder y del fuego del Espíritu Santo. Grados académicos no son indispensables.“CON MI ESPÍRITU” 

Escrito por Impacto2
Bien al principio de la creación, dice la Biblia que: “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Con relación a la defensa del pueblo, Moisés actuó en su fuerza y mató a un egipcio, pero después ante las grandes manifestaciones del poder de Dios libertando a su pueblo, aprendió que no es con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios.



