Programa radial Edificando la Fe
Daniel, jóven de convicciones
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Enóc caminó con Dios por que andaba en en la senda de rectitud.
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El joven rico que dijo "Sí"
Nicolaus Ludwig von Zinzendorf nació en 1700 en una familia rica y noble. Desde 1662 todos los hombres del clan Zinzen-dorf portaban el título de “conde”, por lo cual Nicolaus es conocido también como el Conde Zinzendorf. La muerte de su padre y el nuevo matrimonio de su madre hizo que quedara al cuidado de su abuela y de su tía, las cuales lo criaron.
Un niño piadoso
El joven conde creció en una atmósfera impregnada por la oración, la lectura bíblica y los cánticos. Con sinceridad infantil, él escribía cartas de amor para Jesús y las lanzaba desde la ventana de la torre del castillo, con la certeza de que el Señor las recibiría y las leería. Cuando los soldados suecos invadieron Sajonia, ellos entraron en el castillo e irrumpieron en el cuarto donde el conde de 6 años se encontraba en sus acostumbradas devociones. ¡Ellos quedaron paralizados de temor y reverencia cuando oyeron al pequeño orar!
Este incidente fue profético de la forma cómo el conde habría de mover a otros con la profundidad de sus experiencias espirituales.
La herencia de Zinzendorf, espiritualmente hablando, fue aquella chispa de luteranismo influenciada por el ‘pietismo’; sin embargo, la historia lo conocería como un ‘moravo’, aunque a él no le agradaba ninguno de esos nombres, porque amaba la unidad de todos los cristianos. Los pietistas buscaban conocer a Cristo de una forma personal y reavivar la iglesia por medio de pequeñas reuniones de estudio bíblico y oración. Para ellos, andar con el Salvador significaba estar separado del mundo, en obediencia a Cristo, a su Palabra y amarlo de corazón.
De niño, le impresionaron fuertemente los sufrimientos de Cristo. Él frecuentemente meditaba en las palabras de un himno de Gerhardt: “La cabeza tan llena de heridas / tan llena de dolor y de desprecio / en medio de otros insultos dolorosos / escarnecido fue con una corona de espinas”. Sin embargo, esta inclinación piadosa era férreamente contrastada por su educación secular. No le era permitido al joven “Lutz” –como le llamaban– que “olvidase que él era un conde”. Él era entrenado y enseñado para el futuro servicio en la corte.
Un joven aventajado
A la edad de diez años fue enviado a estudiar a Halle, donde recibió la inspiradora enseñanza del pietista luterano August H. Francke. Allí Zinzendorf se reunió con otros jóvenes devotos, y de su asociación surgió la «Orden del Grano de Mostaza», una hermandad cristiana dedicada a amar a «toda la familia humana» y a la propagación del evangelio. Usaban como emblema un pequeño distintivo, con las palabras “Ecce Homo” (“He aquí el hombre”), y el lema: “Sus llagas son nuestra salud”. Cada miembro de la orden usaba un anillo dorado con la inscripción: “Ningún hombre vive para sí”. Con frecuencia, durante las comidas en casa de Francke compartían edificantes narraciones de regiones distantes, testimonios de predicadores y de prisioneros por la fe. Todo esto aumentó su celo por la causa del Señor de una manera poderosa.
De Halle, Zinzendorf fue a Wittenberg a estudiar Derecho como preparación para la carrera de estadística, única vocación aceptable para un noble. Allí, Zinzendorf demostró ser un alumno aventajado. A los 15 años podía leer a los clásicos y el Nuevo Testamento en griego; y poseía fluidez en el latín y el francés. Mostró, además, un claro talento poético. Sin embargo, él no estaba contento con lo que le deparaba el futuro. Anhelaba entrar al ministerio cristiano, pero el rompimiento de la tradición familiar parecía imposible. La cuestión lo abrumó hasta 1719, cuando un incidente cambió el curso de su vida.
¿Qué haces tú por mí?
Ocurrió durante una gira por Europa después de terminar sus estudios. En una galería de arte, vio una pintura (el “Ecce Homo” de Domenico Feti) que mostraba a Cristo sufriendo el dolor producido por la corona de espinas, y una inscripción que decía: «Yo hice todo esto por ti, ¿qué haces tú por mí?». Desde ese instante, Zinzendorf supo que nunca podría ser feliz viviendo al estilo de la nobleza. A pesar del precio que tendría que pagar, buscaría una vida de servicio al Salvador que había sufrido tanto por salvarlo.
Cuando regresó a casa, al término de su viaje que lo llevó a renovar su consagración, hizo una visita a su tía, la Condesa de Castell y su hija, Teodora. Durante su estada cayó enfermo con fiebre, viéndose obligado a permanecer con ellas más tiempo de lo presupuestado. A los pocos días descubrió que estaba enamorado de su joven prima. Ella, todavía un poco fría, le regaló su retrato. El Conde aceptó el regalo con alegría, como una promesa inicial de amor. Poco días después, en un encuentro fortuito con su amigo el Conde Reuss, se percató de que su amigo deseaba casarse con Teodora. Cada uno expresó su deseo de desistir en favor del otro y, no estando en condiciones de resolver el asunto, los dos jóvenes estuvieron de acuerdo en ver lo que la propia Teodora diría.
Zinzendorf contaría más tarde cuáles eran sus verdaderos sentimientos en ese momento: “Aunque me costase mi propia vida el tener que renunciar a ella, si esto era más aceptable a mi Salvador, yo debía sacrificar lo que me era más querido en el mundo”. Los dos amigos llegaron a Castell, y Zinzendorf se dio cuenta de que Teodora amaba a su amigo. Los esponsales fueron sellados inmediatamente en una ceremonia cristiana. El joven conde compuso una cantata para la ocasión, que fue presentada ante toda la casa Castell. Al término del festivo espectáculo, el joven compositor ofreció a favor de la pareja una oración tan tierna que todos fueron movidos a las lágrimas.
Después de estudiar en el Nuevo y el Antiguo Testamento lo que el Señor habla sobre el matrimonio, y seguido de mucha oración y consultas con sus amigos, el conde decidió casarse “escogiendo sólo un cónyuge que compartiera sus ideales”. Encontró esa persona en la condesa Erdmuth von Reuss, con quien se casó en septiembre de 1722. Con ella formó un hogar aún más dedicado y piadoso que el suyo propio. La mira del conde era servir a Cristo, y su esposa lo apoyaría en ese objetivo. Erdmuth llegó a ser la “Madre adoptiva de los Hermanos”.
Nace Herrnhut
Ese mismo año, Zinzendorf se inició en el oficio de Consejero real en Dresden. En las tardes de domingo, dirigía estudios bíblicos, y oraba para que la villa en que vivía se transformara en una real comunidad cristiana, sin saber cómo Dios respondería a este deseo.
La oportunidad de participar en un servicio cristiano de importancia se le presentó cuando un grupo de moravos buscó protección en su propiedad en Berthelsdorf, que después se llamó Herrnhut (“el cuidado del Señor”). La invitación de Zinzendorf a estos refugiados a establecerse en sus propiedades, a pesar de la oposición de otros miembros de su familia, fue un punto decisivo en el desarrollo del movimiento moravo. Herrnhut creció rápidamente al tenerse noticias de la generosidad del Conde. Los refugiados siguieron llegando, y pronto la propiedad se convirtió en una creciente comunidad.
Además de los moravos, comenzaron a llegar luteranos, calvinistas, hermanos bohemios, ‘schwenkfelders’ y desertores diversos de iglesias establecidas. Al crecer la población, también aumentaron los problemas. Los diferentes fundamentos doctrinales de los residentes crearon discordias y, en más de una ocasión, se puso en peligro la propia existencia de Herrnhut. Zinzendorf fue muy paciente y pacificador. Escuchaba a todos lo que tuvieran que decir, intentando comprender su punto de vista, hasta el máximo que podía sin contradecir la verdad. Evitó todo lo que significara una naturaleza violenta. Cuando Zinzendorf se hallaba en Herrnhut todo parecía estar bien, pero apenas salía de sus contornos, los problemas resurgían.
Un pacto de unidad
Un día, el 12 de mayo de 1727, decidido a hacer algo que marcara una solución definitiva, Zinzendorf convocó a todos los hermanos y les habló durante tres horas acerca de la impiedad de la división. Ese día, los hermanos hicieron un pacto con él en la presencia de Dios. Los hermanos, uno tras otro, estuvieron de acuerdo y se comprometieron a pertenecer solamente al Salvador. Se avergonzaron de sus desacuerdos religiosos y unánimemente estuvieron dispuestos a enterrar para siempre sus diferencias. Ellos renunciaron a amarse a sí mismos, a su propia voluntad, a su desobediencia y pensamientos libres. Desearon ser pobres en espíritu y ser enseñados por el Espíritu Santo en todas las cosas.
Acto seguido el Conde estableció algunas responsabilidades personales y entregó algunas reglas para orientar la relación mutua. Así fue cómo, cinco años después de la llegada de los primeros refugiados, todo el ambiente cambió. Comenzó un período de renovación espiritual que llegó a su clímax en un servicio de comunión el 13 de agosto de ese año con un gran avivamiento que, según los participantes, señaló la venida del Espíritu Santo a Herrnhut. Esta gran noche de avivamiento produjo un nuevo entusiasmo por las misiones, que fueron la principal característica de este movimiento.
Las pequeñas diferencias doctrinales ya no constituyeron causa de discusión. Al contrario, había un fuerte espíritu de unidad y una elevada dependencia de Dios. Se realizaban tres reuniones al día, la primera de ellas a las 4 de la mañana, para orar, adorar y leer la Biblia. Por ese tiempo se comenzó una vigilia de oración que continuó veinticuatro horas al día, 7 días a la semana, sin interrupción, durante más de cien años.
Un visitante ilustre
El predicador inglés Juan Wesley conoció a los moravos en una travesía en barco por el Atlántico. Él era un joven piadoso, pero aún no conocía su salvación. En medio de una tempestad en el mar, mientras todos los pasajeros estaban espantados, un grupo de moravos permanecían perfectamente tranquilos. Concluida la tormenta Wesley se acercó y le preguntó a uno de ellos: “Vuestras mujeres y vuestros niños, ¿no tenían miedo?”. “No, señor, nuestras mujeres y nuestros niños no temen la muerte”, fue la simple respuesta. Wesley comprendió que aún no tenía una fe tan grande como la de ellos.
Más tarde, Wesley viajó a Alemania para conocerlos más de cerca. Allí tuvo oportunidad de admirar la pureza de sus costumbres. “Estaban siempre ocupados –dice–, siempre gozosos y de buen humor en sus tratos unos con otros: no se dejaban dominar nunca por la cólera; evitaban todo motivo de querella, toda clase de acritud y las malas palabras; dondequiera que se encontrasen, andaban siempre de una manera digna de la vocación cristiana.”
En Marienborn, cerca de Francfurt se encontró con Zinzendorf, a quien deseaba conocer. Sus conversaciones con él le fueron sumamente útiles y placenteras. “He encontrado lo que buscaba –escribió después–: pruebas vivas del poder de la fe, individuos librados del pecado interior y exterior por el amor de Dios derramado en sus corazones, y libres de dudas y temores por el testimonio interior del Espíritu Santo.”
En Herrnhut quedó maravillado por lo que vio: “Me encuentro en el seno de una iglesia cuya ciudadanía está en el cielo; que posee el Espíritu que estaba en Cristo y que anda como él anduvo.” Quedó impresionado con la solemne sencillez de sus cultos, que contrastaban con el ceremonial de la iglesia anglicana de aquellos días. “La gran sencillez y solemnidad de aquella escena me remontaron 17 siglos atrás a una de aquellas asambleas presididas por Pablo o por Pedro” – escribió Wesley. “Bien hubiera querido pasar aquí toda mi vida, pero el Maestro me llamaba a otras parte de su viña, y tuve que abandonar este lugar dichoso. ¡Ah!, ¿cuándo este cristianismo cubrirá la tierra, como las “aguas cubren el mar”?
El auge de las misiones
La participación directa de Zinzendorf en las misiones en el extranjero no ocurrió sino hasta unos años después del gran avivamiento espiritual en Herrnhut. En 1731, mientras asistía a la corona-ción del rey danés Christian VI, le presentaron a dos personas de Groenlandia y a un esclavo negro de las Indias Occidentales. Quedó tan impresio-nado con su solicitud de misioneros que invitó al esclavo a visitar Herrnhut, y él mismo volvió a casa con un sentido de urgencia por empezar inmediatamente la obra misionera. Antes de un año se enviaron los primeros dos misioneros moravos a las Islas Vírgenes, y en las dos décadas siguientes enviaron más misioneros que los enviados en conjunto por todos los protestantes durante los dos siglos anteriores.
Aunque a Zinzendorf se le conoce principalmente como iniciador y motivador de misiones, también participó personalmente en ellas. En 1738, unos años después que los primeros misioneros habían ido al Caribe, Zinzendorf acompañó a tres nuevos misioneros que habían recibido la comisión de unirse a sus colegas allí. A su llegada, vieron con tristeza que sus colegas estaban en la cárcel; pero Zinzendorf, sin pérdida de tiempo, usó su prestigio y autoridad de noble para obtener su libertad. Durante su visita celebró servicios religiosos diarios para los caribeños, y dispuso la organización y las asignaciones territoriales de los misioneros. Cuando vio que la obra misionera estaba firme, regresó a Europa. Después de dos años, zarpó de nuevo, esta vez hacia las colonias norteamericanas. Allí trabajó, hombro a hombro con los hermanos que laboraban entre los indígenas.
Aunque Zinzendorf había renunciado a su vida de noble, no le era fácil asumir el rango de misionero. Por naturaleza, no le gustaba la vida de campo ni sobrellevaba fácilmente las molestias de la obra cotidiana. Pero el que lo hiciera con toda pasión demostraba su victoria sobre sí mismo, y el profundo amor por su Señor, a quien procuraba seguir en todo.
Como administrador de la misión, Zinzendorf pasó treinta y tres años supervisando misioneros en todo el mundo. Sus métodos eran sencillos y prácticos. Todos sus misioneros eran laicos preparados, no en Teología sino en evangelismo personal. Como laicos que se sostenían a sí mismos, se esperaba que ellos trabajaran lado a lado con sus posibles conversos, dando testimonio de su fe por la palabra hablada y por el ejemplo vivo. Se debían mostrar como iguales, no como superiores a ellos. Su mensaje era el amor de Cristo, sin considerar las verdades doctrinales hasta después de la conversión; y aun entonces, la comunión devota con el Señor tenía más importancia que la enseñanza teológica.
Por el año 1742, más de 70 misioneros moravos, de una comunidad de no más de 600 habitantes, habían respondido al llamado para ir a Groelandia, Surinam, África del Sur, Algeria, América del Norte, y otras tierras, llevando el evangelio.
Dificultades y pruebas
Cuando más ardía el fuego misionero en Herrnhut, Zinzendorf sufría más oposiciones. En 1736 fue expulsado de Sajonia. Salió, entonces, con su familia y algunos hermanos, y fueron hasta las inmediaciones de Frankfurt, donde se estableció en un antiguo castillo llamado Ronneburg. Una década después, una nueva colonización se estableció allí, Herrnhaag, que superaba a Herrnhut en tamaño.
Pero en Ronneburg la condesa sintió que la estadía allí había sido turbulenta desde el inicio. Cierta vez que Zinzendorf estaba fuera, en uno de sus perpetuos viajes, su hijo de 3 años de edad, Christian Ludwig, enfermó. No habiendo allí ninguna ayuda médica, falleció. Zinzendorf y Erdmuth tuvieron 12 hijos, de los cuales sólo 4 alcanzaron la madurez.
Durante su exilio, y por cuestión de necesidad, Zinzendorf formó un “comité ejecutivo” itinerante, el cual se hizo conocido como la “Congregación Peregrina”. Este comité sirvió para dirigir la obra de la iglesia de misión foránea y el ministerio para sociedades de la diáspora. La Congregación Peregrina seguía el régimen de Herrnhut en relación a las oraciones y la disciplina, pero era movible. Los años de exilio encontraron al grupo en Wetteravia, Inglaterra, Holanda, Berlín y Suiza. De Hernnhaag, sólo en 1747, 200 hermanos saldrían como misioneros.
En 1755, su hijo Christian Renatus, de 24 años de edad, murió en Londres y el año siguiente la condesa Erdmuth falleció en Herrnhut. El remordimiento y el sentimiento de culpa acometieron al conde después de la muerte de su esposa, por haberle dado cada vez menos atención en las dos últimas décadas.
Un año después de la muerte de la condesa, él se casó con Anna Nitschmann y renunció a su posición en el Estado como cabeza de su noble familia. Abdicó a favor de su sobrino Ludwig, pues estaba cada vez menos inclinado a las honras del mundo.
Al año 1760 se registraban 28 años de misiones maravillosas. Cerca de 226 misioneros habían sido enviados. Como un gran visionario y un peregrino incansable, Zinzendorf vivió sus últimos años en Herrnuht.
Legado de Zinzendorf
Zinzendorf tenía una relación muy cercana con el Señor. Él vivió día tras día en una comunión viva con Cristo, como con un amigo cercano. Investigó en las Escrituras todos los pasajes que hablan de la comunión amistosa y amable de Dios con el hombre, para exhortar a los hermanos a mantener una relación confidencial con su Salvador. “Nada debe ser tan valorado como la conciencia de que él siempre está cerca, que pueden decirle todo”. Los hermanos debían considerarle y escucharle sobre todas las cosas, porque él es el amigo más querido y más fiel. Él debía ser su primer pensamiento cuando se despertaran por la mañana, y debían pasar el día entero en su presencia; traer todas las quejas ante él, esperar toda la ayuda de él, concluir sus trabajos con él y retirarse en su presencia para descansar.
Zinzendorf vivió en la expectativa constante de la venida del Señor. Él dijo: “La esperanza de que el Salvador pronto vendrá, y nos recibirá en su descanso, es un pensamiento noble, dichoso, sensible y cautivador.”
Zinzendorf tuvo una fuerte convicción de la unidad de todos los cristianos. Vio que la unidad es un asunto de la vida divina compartida por todos los creyentes. Alentó la comunión con todos los cristianos, incluso con aquellos que tienen una posición no bíblica por ignorancia. Consecuentemente, Zinzendorf prefería el término “hermanos” para llamarse unos a otros, por ser simple y bíblico, en tanto que rechazaba los epítetos de ‘bohemio’ o ‘moravo’, porque promovían el sectarismo.
Zinzendorf decía que la Iglesia es la congregación de Dios en el Espíritu en el mundo entero, que constituye el cuerpo espiritual cuya Cabeza es Cristo. Comprendió que la iglesia en general había sido degradada al hacerla parte del mundo y unirla con la estructura política. Sin embargo, sabía que algunos creyentes genuinos todavía podrían ser encontrados dentro de las denominaciones. Para explicar esta situación confusa, Zinzendorf sostuvo la enseñanza de la ‘ecclesiola’, la “iglesia dentro de la iglesia”, compuesta por fieles que seguían al Señor. Él veía a los hermanos moravos juntándose como una ‘ecclesiola’; sin embargo, él nunca abandonó el luteranismo.
Los hermanos de Herrnuht practicaban una intensa vida de iglesia, hecho que era facilitado por la diaria convivencia. Tenían diversos tipos de reuniones para atender las diferentes necesidades de la comunidad: de oración, para la palabra, para la alabanza, de niños, para visitantes, de hermanos, de hermanas, etc. Se preocupaban de los enfermos, de las viudas y de los huérfanos. En su vida de iglesia, ellos experimentaron la vida del cielo sobre la tierra.
Mil veces le oí
Respecto de Zinzendorf, se ha escrito: “Hasta el día de su muerte, Cristo su Salvador fue para él el todo en todos. Él vivió sólo para su gloria y mantuvo con él una comunión ininterrumpida de fe y amor. Posesiones terrenas, honras y fama eran para él como nada en comparación con Cristo”. Él decía de su Señor: “Yo tengo sólo una pasión; y ésta es Él, solamente Él”. “Mil veces yo lo oí hablar en mi corazón y le vi con los ojos de la fe”.“De todas las cualidades de Cristo la mayor es su nobleza; y de todas las ideas dignas en el mundo, la más noble es la idea de que el Creador debería morir por sus hijos. Si el Señor fuese abandonado por el mundo entero, yo todavía me apegaría a él y le amaría.”
Herder, el poeta alemán, escribió de él: “Fue un conquistador en el mundo espiritual”. John Albertini, el elocuente predicador, describe la nota clave en la vida de Zinzendorf: “Fue el amor a Cristo que ardió en el corazón del niño, el mismo amor que ardió en el joven, el mismo amor que lo hizo vibrar en la adultez, el mismo amor que inspiró cada una de sus obras.”
Un día antes de su muerte, Zinzendorf estaba muy debilitado. Apenas en un susurro, le dijo al obispo Nitschmann, que estaba al lado de su lecho: “¿Usted suponía en el inicio que el Salvador iría a hacer tanto, como ahora nosotros vemos realmente entre los hijos de Dios de otras denominaciones, y entre los incrédulos? Yo sólo le pedí algunas de las primicias de nuestros días, mas ahora hay millares de ellas. Nitschman, ¡qué formidable caravana de nuestra iglesia ya está en dirección al Cordero!”
Zinzendorf ha sido identificado por algunos como alguien genuinamente cristocéntrico; por otros como un líder espiritual que dio forma al curso del cristianismo en el siglo XVIII, y todavía por otros como el gobernante joven y rico que se encontró con Jesús y le dijo fervorosamente “Sí”.
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Fuentes: Revista “À Maturidade”, www.countzinzendorf.org
www.kerigma.com, Juan Wesley, su vida y obra (Mateo Lelièvre)
La parte de la historia de la Iglesia que no ha sido debidamente contada.

El pietismo:
La necesidad de nacer de nuevo
A mediados del siglo XVII, el ímpetu de la iglesia luterana había decaído notablemente en Alemania. El fuego inicial de la Reforma había devenido progresivamente en una tibia religión institucionalizada. El fervor espiritual había cedido su lugar a una ortodoxia fría y altamente intelectualizada. La fe se convirtió, por obra de teólogos posteriores a Lutero, en poco más que una serie de verdades doctrinales en forma de proposiciones teológicas, transmitidas de una generación a otra. Y también, en materia de un debate interminable con otros credos y confesiones protestantes.
El cristianismo auténtico era considerado como mera corrección doctrinaria y sacramental, sin importar la condición espiritual y moral de los creyentes. El papel de los así llamados «laicos» era meramente pasivo, y se reducía a aceptar los dogmas de la iglesia y recibir los sacramentos. Esa era la «suma» de la vida cristiana en aquellos días. A todas luces, se trataba de un territorio demasiado árido para el desarrollo de la vida interior del Espíritu. En consecuencia, el estado espiritual de los creyentes era, en general, muy deplorable.
El pietismo fue una reacción contra este estado de cosas al interior de la iglesia luterana. Los pietistas no rechazaban la reforma ni la teología de Lutero; más bien las consideraban incompletas. Acostumbraban llamar a la ortodoxia luterana una «ortodoxia muerta», porque no revelaba ninguna realidad espiritual. De hecho, uno de sus lemas favoritos era: «Mejor una herejía viva que una ortodoxia muerta». Por ello, ponían un gran énfasis en la necesidad de una fe viva y real, experimentada en el corazón, que hiciera diferencia visible entre el cristianismo verdadero y el falso.
En verdad, debían lidiar con la pesada herencia de Lutero y su iglesia estatal de Alemania, donde era imposible distinguir entre creyentes y no creyentes. Los pietistas buscaron celosamente hacer visible la auténtica iglesia de Cristo y distinguirla de los falsos creyentes.
Para lograr su objetivo, siguieron un camino propio y original. Se negaron a separarse de la iglesia luterana e intentaron reformarla desde adentro. Intentaron aproximarse lo más posible al modelo de iglesia del Nuevo Testamento, creando una especie de «pequeña iglesia dentro de la iglesia» (ecclesiolae in ecclesia), donde se practicaba el sacerdocio de todos los creyentes – verdad cardinal del luteranismo, pero carente de expresión real hasta entonces. Así, su lema fue «La Reforma sigue en marcha».
Admiraban y aceptaban la teología de Lutero, pero consideraban que el reformador dejó su obra inconclusa. Paradójicamente, su mayor éxito se obtuvo fuera de los muros de su querida confesión luterana. Otros creyentes tomarían su estandarte y enseñanzas para encauzarlas en un poderoso torrente espiritual cuyas consecuencias siguen hoy plenamente vigentes.
Los comienzos
Muchos historiadores coinciden en señalar a Johann Arndt como el precursor del pietismo. En 1610 publicó un libro que sería considerado ‘la Biblia’ del movimiento, llamado «Cuatro libros sobre el cristianismo verdadero». En él enfatizaba la necesidad de que todo cristiano pase por la experiencia del nuevo nacimiento. La vida cristiana debía ser vivida, de acuerdo con él, en una unión viva y vital con Cristo. Argumentaba, además, que la pureza doctrinal sería mantenida mejor por una vida santa que por las disputas teológicas.
Arndt no fue, en estricto sentido, parte del movimiento pietista, pero contribuyó profundamente a modelar su espíritu y vocación característicos. Su libro circuló ampliamente por toda Alemania y alcanzó una fama sólo superada por la Biblia misma.
Tras Arndt, surgió la figura de Philipp Jakob Spener. Este fue un ministro luterano que, en sus años tempranos, resultó influenciado por las enseñanzas del reformador de origen francés Jean de Labadie, quien trabajó arduamente por la unidad de la iglesia en Holanda, y por los escritos de Richard Baxter, el notable pastor puritano que encabezó un avivamiento en sus días.
Spener estaba profundamente preocupado con la condición espiritual en que se hallaba la iglesia de sus días. En 1670, siendo pastor en Frankfurt, comenzó un programa de reforma que tendría vastas consecuencias. Reunió en su casa un grupo de creyentes que compartían sus ideas, con el objetivo de orar, discutir los sermones del día domingo, y ayudarse mutuamente a profundizar su vida espiritual. Estos círculos de creyentes se extendieron por muchas congregaciones luteranas y fueron conocidos como «collegia pietatis» (grupos piadosos), de donde provino el nombre «pietismo».
Spener y los pietistas estaban decididamente convencidos de que la doctrina luterana del sacerdocio de todos los creyentes debía ser llevada a la práctica de manera efectiva. El mismo Spener declaró en cierta ocasión: «Oh, quien me diera conocer una asamblea recta en todas las cosas, doctrina, orden, y práctica; lo cual haría de ella lo que una asamblea cristiana y apostólica debiera ser, tanto en la doctrina como en la vida».
Un movimiento semejante difícilmente causaría rechazo en nuestros días. Sin embargo, fue ampliamente rechazado por algunos miembros del clero y la autoridad civil en días de Spener, pues parecía que contravenía gravemente la ortodoxia luterana oficial. Las acusaciones de herejía no se hicieron esperar.
Las ideas pietistas de Spener fueron expuestas en su libro «Pia Desideria» (deseos piadosos), que puede considerarse con justicia el tratado fundamental del movimiento. En él, Spener expone los males de la iglesia alemana y los pasos necesarios para su restauración. Entre esos males encuentra: la intromisión del gobierno en los asuntos de la iglesia (pues Lutero la había colocado bajo el control de los príncipes), la conducta poco cristiana de muchos clérigos, las inútiles disputas teológicas, y la ebriedad, ambición e inmoralidad reinante entre los laicos.
Su plan de reforma incluía la extensión de los círculos piadosos como una «ecclesiolae in ecclesia» a fin de fomentar la vida espiritual y la ayuda mutua entre los creyentes, pues creía firmemente que una gran parte del problema radicaba en la condición pasiva de los llamados «laicos» en la iglesia, en contraposición a la clara enseñanza del Nuevo Testamento.
También abogaba por el fin de las controversias teológicas, pues decía que la verdad no se encuentra en los sistemas teológicos, sino en la experiencia del corazón. Según Spener, la transformación interior es el asunto vital de la experiencia cristiana. Por ello, defendía la necesidad de que los cargos clericales fueran ocupados por hombres verdaderamente regenerados, que mostrasen evidencias de una vida transformada.
En suma, se trataba de un verdadero plan de reforma, centrado en la renovación interior y la «religión del corazón», como les gustaba decir a los pietistas. Sin embargo, la reacción de una parte del clero no se hizo esperar, pues la crítica de Spener desnudaba demasiadas falencias. Fue acusado de herejía, en especial por su oposición a la «autoridad final» del credo luterano oficial, y su deseo de retornar a la Escritura como única fuente de autoridad.
La verdad es que Spener no se oponía a la teología de Lutero, sino a las prácticas luteranas de sus días. Escribió: «La doctrina de nuestra iglesia (luterana) no puede ser culpada por nada de esto, pues se opone vigorosamente a estas ilusiones».
Sin embargo, fue expulsado de Frankfurt y llegó a ser capellán de la corte del príncipe de Sajonia en Dresden. Allí continuó con sus actividades a favor de una reforma, pero también se enfrentó a la oposición de las universidades sajonas. Sus reuniones piadosas estaban en el centro de la controversia, y eran consideradas subversivas para la sana doctrina y la estabilidad de la iglesia, pues fomentaban el interés de los «laicos» por la teología y los asuntos eclesiásticos, poniendo en duda –se decía– la autoridad del clero.
También se le acusaba de divisionismo. Es cierto que Spener siempre se opuso a las tendencias separatistas dentro del pietismo, pero no es menos cierto que muchos de sus miembros llegaron a considerar como lógicamente inevitable la separación. Con todo, el pietismo nunca llegó a ser un movimiento organizado, sino, más bien, una profunda corriente espiritual que permearía la iglesia hasta hoy.
Spener se vio obligado a dejar Dresden tras reprender pastoralmente la intemperancia del príncipe elector. Aceptó entonces la invitación del príncipe elector de Brandenburgo, Enrique III, que más tarde sería rey de Prusia. Se estableció en Berlín, desde donde continuó su obra hasta su muerte en 1706, y permaneció como ministro luterano hasta el fin.
Augusto Herman Francke
Durante su estadía en Brandenburgo, Spener contribuiría a formar el mayor centro de influencia pietista de sus días, la Universidad de Halle (1691). Entre otras cosas, convenció al príncipe elector para que nombrase como profesor a otro de los grandes líderes del pietismo, Augusto Herman Francke. Se ha dicho, con justicia, que si Spener fue el padre fundador del pietismo, Francke fue su genio organizador.
Francke nació en la ciudad de Lübeck, en 1663, en un hogar profundamente influido por las enseñanzas de Spener y la ortodoxia luterana. De hecho, estudió en la Universidad de Leipzig, considerada un bastión del luteranismo ortodoxo. Estando allí, organizó y dirigió un círculo pietista al estilo de Spener al que llamó «grupo de amantes de la Biblia». Sin embargo la experiencia decisiva de su vida le habría de llegar en 1687. Hasta ese momento tenía «sólo conocimientos mentales y ninguna experiencia del corazón». Sin embargo una noche, según cuenta, cayó de rodillas con muchas preocupaciones y dudas, y se levantó lleno de una inefable certeza: «Cuando me arrodillé no creía que Dios existía, pero al levantarme creía al punto de derramar mi sangre».
Como todo pietista, Francke pensaba que su experiencia constituía un padrón de conversión genuina, y que era la única manera de obtener certeza en cuanto a la salvación. Los sentimientos del corazón debían estar en el centro de la vida cristiana auténtica.
Una vez graduado, Francke se unió a Spener en su lucha por reformar la iglesia luterana. De regreso en Leipzig comenzó a realizar conferencias entre los estudiantes, las que se tornaron muy populares. Pero algunos profesores de la universidad se le opusieron tenazmente y lo acusaron de sostener, junto con Spener, ¡más de 600 herejías! Finalmente, las autoridades de la ciudad lo conminaron a abandonarla (1690), y Francke aceptó una invitación para ser diácono de la iglesia en Erfurt. Sin embargo, hasta allí lo siguieron sus adversarios y nuevamente consiguieron que fuese expulsado de la ciudad por las autoridades locales (1691). Fue entonces cuando le llegó la invitación del príncipe elector de Brandenburgo para ingresar como docente en la recién fundada Universidad de Halle. Allí Francke se convirtió en alma teológica de la universidad, que, bajo su influencia, se tornó en el centro más importante del pietismo de sus días.
El celo espiritual de Francke, sus inspiradas cátedras expositivas y su enorme energía organizadora, contribuyeron a dar forma a un ardiente movimiento misionero, en tiempos cuando el protestantismo en general no se interesaba en las misiones.
En 1706, los primeros misioneros de Halle fueron enviados a la India, bajo el auspicio del rey Enrique IV de Dinamarca. Sus nombres eran Bartolomé Ziegenbald y Enrique Plütchau. Durante el siglo XVIII, salieron desde Halle y otras instituciones asociadas 75 misioneros hacia el extranjero, entre los cuales el más renombrado sería Cristian Federico Schwartz (1726-1798), quien trabajó casi 40 años en la India, hasta su muerte. En verdad, debe considerarse este esfuerzo misionero como el primero de los tiempos contemporáneos, realizado casi 100 años antes de la empresa misionera moderna de alcance mundial comenzada con Guillermo Carey.
Paralelamente, Francke organizó y dirigió varias obras educativas y de caridad. La compasión hacia los más débiles y necesitados caracterizó desde siempre al movimiento pietista. En 1795 inauguró una escuela para niños pobres, la que luego amplió debido a la gran cantidad de solicitudes, e inició una famosa escuela de adaptación. En 1698 abrió su conocido orfanato. Asombrosamente, todas estas obras las realizó casi sin medios económicos, sostenido únicamente por la fe en la provisión de Dios. Cien años más tarde, su obra serviría de inspiración a otro hombre, que había de fundar y conducir un orfanato bajo las mismas premisas de fe: George Muller, de Bristol.
Fue tal su influencia, que, a su muerte era reconocido y admirado por toda Europa como líder del pietismo y una de las fuerzas más poderosas del protestantismo. Era admitido libremente entre pobres y acomodados, pequeños y poderosos. Sin embargo, usaba siempre su influencia entre los ricos y poderosos para ayudar a los más pobres. Un historiador observa: «El fue el iniciador, el fundador y el líder vitalicio de una empresa caritativa que conquistó la mente y la admiración de personas del mundo entero. Nunca se había visto algo semejante en la larga historia de la iglesia cristiana».
Tras él, la historia posterior del pietismo estaría asociada a una antigua compañía de cristianos perseguidos, conocidos como«Unitas Fratum» (Hermanos Unidos), quienes después de largos años de peregrinación encontraron finalmente un hogar en las tierras de un poderoso noble alemán, el conde Nicolás Von Zinzendorf, formado profundamente en las enseñanzas de Spener y Francke. Junto a él iniciarían un nuevo capítulo en la historia del pietismo, cuyas consecuencias serían de vasto alcance. La historia posterior los conocería como «los hermanos moravos».
Legado del pietismo
Sin duda, el pietismo ha cavado un poderoso surco en la historia de la restauración de la iglesia hacia el modelo neotestamentario. Su énfasis en el nuevo nacimiento como experiencia cardinal de todo cristiano auténtico, así como una subsiguiente vida transformada, resulta perenne. La mera adopción mental de un credo ortodoxo –enseñaban– no basta para salvar a los hombres. Es necesario un nuevo nacimiento que transforme a los hombres desde la raíz de su ser.
La fe no debe ser entendida sólo en la cabeza, sino sobre todo experimentada en el corazón, vale decir, y hablando bíblicamente, en el centro emotivo y volitivo del hombre. Debe afectar la totalidad de la experiencia y conducta humanas. Esta fue siempre la esencia del cristianismo verdadero. Y fue el estandarte que tomaron de manos del pietismo tanto los hermanos moravos, como el avivamiento metodista posterior de Withefield y los hermanos Wesley.
Por otra parte, los pietistas vieron correctamente que las controversias teológicas contribuían a establecer un clima propenso a un cristianismo meramente mental, carente de experiencia espiritual. Por ello, al enfatizar la vida por encima del conocimientomeramente intelectual de la doctrina cristiana, redescubrieron el genuino fundamento de la unidad de la iglesia.
Contribuyeron, además, al surgimiento de una gran cantidad de literatura devocional que enfatiza la comunión viva del creyente con Dios, como también una gran parte de la música de inspiración y adoración contemporánea.
Y, finalmente, y no menos importante, pusieron un decidido énfasis en el sacerdocio de todos los creyentes, abogando por el surgimiento de una iglesia más orgánica en su vida y expresión, donde todos los santos fuesen participantes activos del ministerio. Sus éxitos en este campo fueron parciales debido quizá, a su intento de reformar la iglesia «desde adentro».
El tiempo probaría que su idea de la «ecclesiolae in ecclesia» no era viable. O los círculos pietistas acabaron por separarse de la iglesia luterana de sus días, o bien, fueron reabsorbidos y desaparecieron. De todo ello, nos queda como enseñanza que la iglesia del Nuevo Testamento sólo puede surgir y crecer allí donde está libre de las limitaciones que impone cualquier estructura u organización humana extraña a su esencia; libre para seguir fielmente la dirección de la vida que opera en su interior.
Por Georgina Cooper LONDRES (Reuters) - ¿Por qué a algunas mujeres el corazón les late más rápido ante los rasgos femeninos de Orlando Bloom, mientras que otras se sienten más atraídas por la imagen de macho de Daniel Craig? Los anticonceptivos podrían ser el motivo, según científicos británicos. Un grupo de investigadores indicó que las mujeres cuyas hormonas están químicamente controladas son menos propensas a buscar a los hombres musculosos y duros. En cambio, según el equipo, las mujeres en ovulación que no toman píldoras anticonceptivas "exhiben una preferencia por las características más masculinas, se ven particularmente atraídas por los hombres que muestran dominancia y competitividad y prefieren parejas genéticamente diferentes a sí mismas". Las mujeres que toman anticonceptivos suelen elegir hombres más afeminados, que luzcan como ellas. Esto podría generar problemas a la hora de concebir, de acuerdo con el estudio realizado por la University of Sheffield. "Existe evidencia de que la similaridad genética entre parejas estaría relacionada con la infertilidad", señaló la investigación, publicada en la revista médica Trends in Ecology and Evolution. La píldora de control de natalidad podría además interferir en el funcionamiento de las leyes de atracción natural, dado que evita que las mujeres emitan mensualmente las señales de fertilidad que se cree que seducirían sutilmente a los hombres. "La ovulación está relacionada con un cambio profundo en algunas características físicas, conductas y percepciones femeninas vinculadas con la atracción masculina", agregó el informe. (Editada en español por Ana Laura Mitidieri)Píldoras anticonceptivas cambiarían elección femenina de hombres
Los Juicios de la Tribulación

Fue Hal Lindsey el primero que popularizó la teoría que las terribles plagas y juicios vistos y descritos por Juan en el libro de Revelación podrían ser la descripción de un hombre del I Siglo de una guerra termonuclear. En su libro There's A New World Coming (1973), Lindsey se refiere a la bomba orbital fraccionaria, y luego procede a citar pasajes nucleares en el libro de Revelación: “Consiste (la bomba) de casi una docena de misiles con puntas nucleares que pueden ser disparados simultáneamente desde una plataforma espacial orbitante. Debido a que los misiles caen directamente del cielo, pueden impactar simultáneamente varias ciudades y virtualmente sin ninguna advertencia. Cuando estos misiles rayan a través del aire, ¡parecerán meteoritos bañando la atmósfera! (Cumpliendo posiblemente Ap. 6:13: ‘las estrellas del cielo cayeron a la tierra’)”.
¿Por cuánto tiempo los precios del azúcar se mantendrán altos? En todo 2009, no se ha registrado un mes en que los precios del azúcar no hayan subido. Desde inicios del año, el precio del producto en los mercados mundiales se ha duplicado hasta trepar a un máximo en casi 30 años. La Organización Internacional de Azúcar (ISO, por sus siglas en inglés) señaló que hasta septiembre de 2010, la demanda global de azúcar excederá por cinco millones de toneladas métricas su nivel de producción. Los inversionistas y los productores, en consecuencia, se han lanzado a una carrera, y muchos aseveran que el producto es el nuevo "petróleo blanco". En un artículo en su edición de este miércoles, el diario británico The Guardian reconoce: "Para los financistas en busca de la adrelina que provoca la sacudida de los precios, el azúcar es el nuevo petróleo". Expertos consultados por ese diario dicen que el atractivo de un precio en ascenso rápido ha atraído la atención de los hedge funds, o fondos de inversión de alto riesgo, en procura de ganancias especulativas a corto plazo. En la City, el centro financiero de Londres, señala el diario, los contratos relacionados con azúcar blanco ascendieron un 40%, de 145.554 en agosto a 204.662, en septiembre pasado. "El rechazo político a las especulaciones que dispararon los precios del crudo el año pasado ha estimulado a algunos fondos a centrar su atención en mercados agrícolas de futuros, en áreas típicamente menos obvias", expresa The Guardian. Sin embargo, Sergey Gudoshnikov, economista de la Organización Internacional de Azúcar, con sede en Londres, le dijo a BBC Mundo que no necesariamente el azúcar tendría que convertirse en el "nuevo crudo". "Sí y no. En este momento el azúcar es la materia prima más atractiva y rentable en la que invertir. Pero la pregunta es por cuánto tiempo esa situación se mantendrá. Es difícil de pronosticar", manifestó. "Los precios que vemos hoy podrían reducirse. Es más, los precios no se mantendrán altos para siempre. Pese a todos los adelantos tecnológicos, el clima es uno de los mayores determinantes de la producción a nivel mundial". Y, además, "influyen otros factores como el precio del crudo" y la idea de usar la agricultura en función de la energía, con lo cual "los cultivos de caña tendrán que competir por la tierra con otros cultivos más rentables" en caso de un movimiento en el mercado. La causa de la escalada de los precios del azúcar es el mal tiempo. En Brasil, el principal productor y exportador mundial, grandes zonas de cultivos se han perdido debido a intensas lluvias. ¿Quiénes saldrán beneficiados de la actual coyuntura de precios? A esto se suma que en los últimos tiempos se vino incrementando de manera creciente en ese país el número de las plantaciones de caña de azúcar destinadas a la producción del etanol, como señala el periodista de la BBC Rodney Smith. En el caso de India, el principal consumidor y exportador global, la pobre temporada de lluvias de monzones ha provocado sequías que afectaron los cultivos al punto de que el país asiático ha empezado a importar azúcar para satisfacer sus necesidades. El mes pasado, Nueva Delhi llegó a anunciar que tenía apenas dos meses de reservas del producto. "Tradicionalmente, cuando India entra en el mercado mundial, los precios se disparan, como ha sucedido este año. Cuando India vende azúcar, los precios bajan", explicó a la BBC la periodista Gargi Parsai. Como resultado de los altos precios del azúcar, Brasil empezó a incentivar a los campesinos para que se dediquen al cultivo de la caña, y a disminuir la producción de etanol derivado de esa planta. Según los expertos, los grandes beneficiados de la actual coyuntura en América Latina podrían ser Brasil y Cuba, país este último afectado por un largo período de parálisis en sus ingenios azucareros desde la década de los años 90. Los contratos relacionados con azúcar ascienden. Al igual que Brasil, Cuba -que en la década de los '80 era uno de los principales productores del planeta- trata de reposicionarse en el mercado pese a que tras el colapso de su comercio con el antiguo bloque de Europa de Este la isla cerró muchos de sus centrales azucareros y desvió a cientos de miles de trabajadores a otras actividades. De acuerdo con los analistas, para reactivar la antigua locomotora de la economía cubana -la producción azucarera- La Habana tendrá que hacer un esfuerzo titánico. "Cuba podría beneficiarse pero tendrá que invertir ingentes cantidades de dinero para recuperar su glorias pasadas", dice Gudoshnikov. Para el economista, Brasil es el país a nivel internacional que tiene las mayores posibilidades de sacar provecho de la situación actual. "Brasil es el único país en el que la producción está en condiciones de crecer de manera sostenible", concluye.Azúcar, el nuevo petróleo
¿Nuevo crudo?
Lluvia y sequía
Beneficiados
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El blog del hermano es un espacio donde publico artículos edificantes de gente de sana doctrina para el pueblo que ama la verdad.
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