Explorando las excelencias de Dios. Robert Deffinbaugh
Explorando las excelencias de Dios Introducción Testimonio de Grandes Hombres de Dios A través de la historia, grandes hombres de Dios se han dedicado al estudio del carácter de Dios y han animado a otros a hacer lo mismo. Consideremos lo que algunos de estos hombres de Dios tienen que decir acerca del estudio de los atributos de Dios. Hace más de 30 años, A.W. Tozer escribió sobre la perentoria necesidad que tiene la iglesia de revisar su concepto de Dios, debido a la concepción distorsionada que se tiene de Él:
Por Robert Deffinbaugh
“Opino que el concepto cristiano de Dios que se tiene en esta mitad del sigo veinte, está en un grado de tal decadencia, que se considera en una posición completamente por debajo de la dignidad del Dios Supremo y que actualmente constituye para los creyentes confesos, algo similar a una calamidad moral”2_ftn2 Tozer, continua:
“La obligación mas pesada que yace hoy sobre la iglesia cristiana, es purificar y elevar su concepto de Dios, hasta que sea nuevamente digno de Él – y de ella”3_ftn3. A.W. Pink, tiene la misma opinión:
“El dios de este siglo ya no se parece al Soberano de las Santas Escrituras, sino el débil flamear de una vela a la gloria del sol del medio día. El dios de quien se habla en los pulpitos, del que se habla en las Escuelas Dominicales, el que se menciona en la mayoría de la literatura en estos días y del que se predica ein la mayoría de las llamadas conferencias bíblicas, es una ficción de la imaginación humana; un invento de sentimentalismo excesivo. Los paganos afuera del cristianismo pálido, construyen dioses de madera y piedra, en tanto que millones de paganos dentro del cristianismo, construyen un dios a partir de sus mentes carnales”4_ftn4
En una de sus cartas a Erasmo, Martín Lutero dijo: “Tus pensamientos sobre Dios, son demasiado humanos”5_ftn5.
Hablando de Dios, el salmista de la antigüedad, escribió lo mismo en estas palabras:
“Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú, pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos” (Salmo 50:21). Sería difícil sobreestimar la importancia del estudio de Dios. Las palabras de Charles Haddon Spurgeon, son citados con frecuencia por aquellos que se embarcan en un estudio sobre los atributos de Dios.
“Nada agrandará más el intelecto, nada magnificará tanto el alma del hombre, como una investigación devota, seria y continua del gran tema de la Deidad. El estudio más excelente para engrandecer el alma, es la ciencia de Cristo, de Él crucificado y del conocimiento de Dios en la gloriosa Trinidad”6_ftn6
“El estudio adecuado del cristiano, es la Deidad. La ciencia más alta, la especulación más elevada, la filosofía más poderosa, que puede cautivar la atención de un hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, los hechos y la existencia del gran Dios, a quien él llama su Padre. Existe algo que excede toda mejoría de una mente en la contemplación de la Divinidad. Es un tema tan amplio, que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en el infinito. Podemos comprender y abordar otros temas; en ellos sentimos algo como una autosatisfacción y seguir adelante con la idea: “Mirad, soy sabio”. Pero cuando llegamos a esta ciencia maestra, viendo que nuestra plomada no toca fondo y que nuestro ojo de águila es incapaz de ver su altura, nos alejamos con este pensamiento: “Pertenezco al ayer y no sé nada”"7 El estudio de la naturaleza de Dios y de Su carácter, es el máximo llamado al cristiano y es de gran importancia y valor práctico:
“¿Para qué fuimos hechos? Para conocer a Dios. ¿Qué objetivo debemos establecer en nuestra vida? Conocer a Dios. ¿Cuál es „la vida eterna‟ que da Jesús? El conocimiento de Dios. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). ¿Qué es lo mejor de la vida? ¿Tener más gozo, alegría y contentamiento? No, el conocimiento de Dios. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme…” (Jeremías 9:23s.). De todos los estados que Dios ve en el hombre, ¿cuál es el que le da más placer? Que el hombre le conozca. “…quiero conocimiento de Dios más que holocaustos” (Oseas 6:6). …Una vez que tomamos conciencia que la prioridad de estar aquí es conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida ocupan el lugar que verdaderamente les corresponde… Lo que hace que la vida merezca la pena, es tener un gran objetivo, algo que cautive nuestra imaginación y sostenga nuestra lealtad y esto el cristiano lo tiene más que nadie. Pues, ¿qué meta más alta se puede tener, con más exaltación y mayor compromiso que conocer a Dios?”


“¡Cuán horrible es ser predicador del Evangelio y no estar sin embargo convertido! Que cada uno se diga en secreto desde lo más recóndito de su alma: “¡Qué cosa tan terrible será para mí el vivir ignorante del poder de la verdad que me estoy preparando a proclamar!” Un ministro inconverso envuelve en sí la más patente contradicción. Un pastor destituido de gracia es semejante a un ciego elegido para dar clase de óptica, que filosofara acerca de la luz y la visión, disertara sobre ese asunto, y tratara de hacer distinguir a los demás las delicadas sombras y matices de los colores del prisma, estando él sumergido en la más profunda oscuridad. Es un mudo nombrado profesor de canto; un sordo a quien se pide que juzgue sobre armonías. Es como un topo que pretendiera educar aguiluchos; como un leopardo elegido presidente de ángeles. A un supuesto de tal naturaleza se le podrían aplicar las más absurdas metáforas, si el asunto de suyo no fuese tan solemne. Es una posición espantosa en la que se coloca un hombre que emprende una obra para la ejecución de la cual es entera y absolutamente inadecuado; pero su incapacidad no lo exime de responsabilidades, puesto que deliberadamente las ha querido asumir. Sean cuales fuesen sus dotes naturales y sus facultades mentales, nunca será el ministro a propósito para una obra espiritual, si carece de vida espiritual; y en ese caso cumple a su deber cesar en sus funciones ministeriales mientras no adquiera la primera y más simple de las cualidades que para ello se han menester.
Cuanta más oración haya en el mundo,mejor será,y mayor la fuerza para contrarrestar el mal en todas partes.


