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El Pietismo evitó la muerte espiritual de la Reforma

por tuhermano
viernes, 09 de octubre del 2009 a las 16:32

 La parte de la historia de la Iglesia que no ha sido debidamente contada.

El pietismo: 
La necesidad de nacer de nuevo

A mediados del siglo XVII, el ímpetu de la iglesia luterana había decaído notablemente en Alemania. El fuego inicial de la Reforma había devenido progresivamente en una tibia religión institucionalizada. El fervor espiritual había cedido su lugar a una ortodoxia fría y altamente intelectualizada. La fe se convirtió, por obra de teólogos posteriores a Lutero, en poco más que una serie de verdades doctrinales en forma de proposiciones teológicas, transmitidas de una generación a otra. Y también, en materia de un debate interminable con otros credos y confesiones protestantes.

El cristianismo auténtico era considerado como mera corrección doctrinaria y sacramental, sin importar la condición espiritual y moral de los creyentes. El papel de los así llamados «laicos» era meramente pasivo, y se reducía a aceptar los dogmas de la iglesia y recibir los sacramentos. Esa era la «suma» de la vida cristiana en aquellos días. A todas luces, se trataba de un territorio demasiado árido para el desarrollo de la vida interior del Espíritu. En consecuencia, el estado espiritual de los creyentes era, en general, muy deplorable.

El pietismo fue una reacción contra este estado de cosas al interior de la iglesia luterana. Los pietistas no rechazaban la reforma ni la teología de Lutero; más bien las consideraban incompletas. Acostumbraban llamar a la ortodoxia luterana una «ortodoxia muerta», porque no revelaba ninguna realidad espiritual. De hecho, uno de sus lemas favoritos era: «Mejor una herejía viva que una ortodoxia muerta». Por ello, ponían un gran énfasis en la necesidad de una fe viva y real, experimentada en el corazón, que hiciera diferencia visible entre el cristianismo verdadero y el falso.

En verdad, debían lidiar con la pesada herencia de Lutero y su iglesia estatal de Alemania, donde era imposible distinguir entre creyentes y no creyentes. Los pietistas buscaron celosamente hacer visible la auténtica iglesia de Cristo y distinguirla de los falsos creyentes.

Para lograr su objetivo, siguieron un camino propio y original. Se negaron a separarse de la iglesia luterana e intentaron reformarla desde adentro. Intentaron aproximarse lo más posible al modelo de iglesia del Nuevo Testamento, creando una especie de «pequeña iglesia dentro de la iglesia» (ecclesiolae in ecclesia), donde se practicaba el sacerdocio de todos los creyentes – verdad cardinal del luteranismo, pero carente de expresión real hasta entonces. Así, su lema fue «La Reforma sigue en marcha».

Admiraban y aceptaban la teología de Lutero, pero consideraban que el reformador dejó su obra inconclusa. Paradójicamente, su mayor éxito se obtuvo fuera de los muros de su querida confesión luterana. Otros creyentes tomarían su estandarte y enseñanzas para encauzarlas en un poderoso torrente espiritual cuyas consecuencias siguen hoy plenamente vigentes.

 

Los comienzos

Muchos historiadores coinciden en señalar a Johann Arndt como el precursor del pietismo. En 1610 publicó un libro que sería considerado ‘la Biblia’ del movimiento, llamado «Cuatro libros sobre el cristianismo verdadero». En él enfatizaba la necesidad de que todo cristiano pase por la experiencia del nuevo nacimiento. La vida cristiana debía ser vivida, de acuerdo con él, en una unión viva y vital con Cristo. Argumentaba, además, que la pureza doctrinal sería mantenida mejor por una vida santa que por las disputas teológicas.

Arndt no fue, en estricto sentido, parte del movimiento pietista, pero contribuyó profundamente a modelar su espíritu y vocación característicos. Su libro circuló ampliamente por toda Alemania y alcanzó una fama sólo superada por la Biblia misma.

Tras Arndt, surgió la figura de Philipp Jakob Spener. Este fue un ministro luterano que, en sus años tempranos, resultó influenciado por las enseñanzas del reformador de origen francés Jean de Labadie, quien trabajó arduamente por la unidad de la iglesia en Holanda, y por los escritos de Richard Baxter, el notable pastor puritano que encabezó un avivamiento en sus días.

Spener estaba profundamente preocupado con la condición espiritual en que se hallaba la iglesia de sus días. En 1670, siendo pastor en Frankfurt, comenzó un programa de reforma que tendría vastas consecuencias. Reunió en su casa un grupo de creyentes que compartían sus ideas, con el objetivo de orar, discutir los sermones del día domingo, y ayudarse mutuamente a profundizar su vida espiritual. Estos círculos de creyentes se extendieron por muchas congregaciones luteranas y fueron conocidos como «collegia pietatis» (grupos piadosos), de donde provino el nombre «pietismo».

Spener y los pietistas estaban decididamente convencidos de que la doctrina luterana del sacerdocio de todos los creyentes debía ser llevada a la práctica de manera efectiva. El mismo Spener declaró en cierta ocasión: «Oh, quien me diera conocer una asamblea recta en todas las cosas, doctrina, orden, y práctica; lo cual haría de ella lo que una asamblea cristiana y apostólica debiera ser, tanto en  la doctrina como en  la vida».

Un movimiento semejante difícilmente causaría rechazo en nuestros días. Sin embargo, fue ampliamente rechazado por algunos miembros del clero y la autoridad civil en días de Spener, pues parecía que contravenía gravemente la ortodoxia luterana oficial. Las acusaciones de herejía no se hicieron esperar.

Las ideas pietistas de Spener fueron expuestas en su libro «Pia Desideria» (deseos piadosos), que puede considerarse con justicia el tratado fundamental del movimiento. En él, Spener expone los males de la iglesia alemana y los pasos necesarios para su restauración. Entre esos males encuentra: la intromisión del gobierno en los asuntos de la iglesia (pues Lutero la había colocado bajo el control de los príncipes), la conducta poco cristiana de muchos clérigos, las inútiles disputas teológicas, y la ebriedad, ambición e inmoralidad reinante entre los laicos.

Su plan de reforma incluía la extensión de los círculos piadosos como una «ecclesiolae in ecclesia» a fin de fomentar la vida espiritual y la ayuda mutua entre los creyentes, pues creía firmemente que una gran parte del problema radicaba en la condición pasiva de los llamados «laicos» en la iglesia, en contraposición a la clara enseñanza del Nuevo Testamento.

También abogaba por el fin de las controversias teológicas, pues decía que la verdad no se encuentra en los sistemas teológicos, sino en la experiencia del corazón. Según Spener, la transformación interior es el asunto vital de la experiencia cristiana. Por ello, defendía la necesidad de que los cargos clericales fueran ocupados por hombres verdaderamente regenerados, que mostrasen evidencias de una vida transformada.

En suma, se trataba de un verdadero plan de reforma, centrado en la renovación interior y la «religión del corazón», como les gustaba decir a los pietistas. Sin embargo, la reacción de una parte del clero no se hizo esperar, pues la crítica de Spener desnudaba demasiadas falencias. Fue acusado de herejía, en especial por su oposición a la «autoridad final» del credo luterano oficial, y su deseo de retornar a la Escritura como única fuente de autoridad.

La verdad es que Spener no se oponía a la teología de Lutero, sino a las prácticas luteranas de sus días. Escribió: «La doctrina de nuestra iglesia (luterana) no puede ser culpada por nada de esto, pues se opone vigorosamente a estas ilusiones».

Sin embargo, fue expulsado de Frankfurt y llegó a ser capellán de la corte del príncipe de Sajonia en Dresden. Allí continuó con sus actividades a favor de una reforma, pero también se enfrentó a la oposición de las universidades sajonas. Sus reuniones piadosas estaban en el centro de la controversia, y eran consideradas subversivas para la sana doctrina y la estabilidad de la iglesia, pues fomentaban el interés de los «laicos» por la teología y los asuntos eclesiásticos, poniendo en duda –se decía– la autoridad del clero.

También se le acusaba de divisionismo. Es cierto que Spener siempre se opuso a las tendencias separatistas dentro del pietismo, pero no es menos cierto que muchos de sus miembros llegaron a considerar como lógicamente inevitable la separación. Con todo, el pietismo nunca llegó a ser un movimiento organizado, sino, más bien, una profunda corriente espiritual que permearía la iglesia hasta hoy.

Spener se vio obligado a dejar Dresden tras reprender pastoralmente la intemperancia del príncipe elector. Aceptó entonces la invitación del príncipe elector de Brandenburgo, Enrique III, que más tarde sería rey de Prusia. Se estableció en Berlín, desde donde continuó su obra hasta su muerte en 1706, y permaneció como ministro luterano hasta el fin.

 

Augusto Herman Francke

Durante su estadía en Brandenburgo, Spener contribuiría a formar el mayor centro de influencia pietista de sus días, la Universidad de Halle (1691). Entre otras cosas, convenció al príncipe elector para que nombrase como profesor a otro de los grandes líderes del pietismo, Augusto Herman Francke. Se ha dicho, con justicia, que si Spener fue el padre fundador del pietismo, Francke fue su genio organizador.

Francke nació en la ciudad de Lübeck, en 1663, en un hogar profundamente influido por las enseñanzas de Spener y la ortodoxia luterana. De hecho, estudió en la Universidad de Leipzig, considerada un bastión del luteranismo ortodoxo. Estando allí, organizó y dirigió un círculo pietista al estilo de Spener al que llamó «grupo de amantes de la Biblia». Sin embargo la experiencia decisiva de su vida le habría de llegar en 1687. Hasta ese momento tenía «sólo conocimientos mentales y ninguna experiencia del corazón». Sin embargo una noche, según cuenta, cayó de rodillas con muchas preocupaciones y dudas, y se levantó lleno de una inefable certeza: «Cuando me arrodillé no creía que Dios existía, pero al levantarme creía al punto de derramar mi sangre».

Como todo pietista, Francke pensaba que su experiencia constituía un padrón de conversión genuina, y que era la única manera de obtener certeza en cuanto a la salvación. Los sentimientos del corazón debían estar en el centro de la vida cristiana auténtica.

Una vez graduado, Francke se unió a Spener en su lucha por reformar la iglesia luterana. De regreso en Leipzig comenzó a realizar conferencias entre los estudiantes, las que se tornaron muy populares. Pero algunos profesores de la universidad se le opusieron tenazmente y lo acusaron de sostener, junto con Spener, ¡más de 600 herejías! Finalmente, las autoridades de la ciudad lo conminaron a abandonarla (1690), y Francke aceptó una invitación para ser diácono de la iglesia en Erfurt. Sin embargo, hasta allí lo siguieron sus adversarios y nuevamente consiguieron que fuese expulsado de la ciudad por las autoridades locales (1691). Fue entonces cuando le llegó la invitación del príncipe elector de Brandenburgo para ingresar como docente en la recién fundada Universidad de Halle. Allí Francke se convirtió en alma teológica de la universidad, que, bajo su influencia, se tornó en el centro más importante del pietismo de sus días.

El celo espiritual de Francke, sus inspiradas cátedras expositivas y su enorme energía organizadora, contribuyeron a dar forma a un ardiente movimiento misionero, en tiempos cuando el protestantismo en general no se interesaba en las misiones.

En 1706, los primeros misioneros de Halle fueron enviados a la India, bajo el auspicio del rey Enrique IV de Dinamarca. Sus nombres eran Bartolomé Ziegenbald y Enrique Plütchau. Durante el siglo XVIII, salieron desde Halle y otras instituciones asociadas 75 misioneros hacia el extranjero, entre los cuales el más renombrado sería Cristian Federico Schwartz (1726-1798), quien trabajó casi 40 años en la India, hasta su muerte. En verdad, debe considerarse este esfuerzo misionero como el primero de los tiempos contemporáneos, realizado casi 100 años antes de la empresa misionera moderna de alcance mundial comenzada con Guillermo Carey.

Paralelamente, Francke organizó y dirigió varias obras educativas y de caridad. La compasión hacia los más débiles y necesitados caracterizó desde siempre al movimiento pietista. En 1795 inauguró una escuela para niños pobres, la que luego amplió debido a la gran cantidad de solicitudes, e inició una famosa escuela de adaptación. En 1698 abrió su conocido orfanato. Asombrosamente, todas estas obras las realizó casi sin medios económicos, sostenido únicamente por la fe en la provisión de Dios. Cien años más tarde, su obra serviría de inspiración a otro hombre, que había de fundar y conducir un orfanato bajo las mismas premisas de fe: George Muller, de Bristol.

Fue tal su influencia, que, a su muerte era reconocido y admirado por toda Europa como líder del pietismo y una de las fuerzas más poderosas del protestantismo. Era admitido libremente entre pobres y acomodados, pequeños y poderosos. Sin embargo, usaba siempre su influencia entre los ricos y poderosos para ayudar a los más pobres. Un historiador observa: «El fue el iniciador, el fundador y el líder vitalicio de una empresa caritativa que conquistó la mente y la admiración de personas del mundo entero. Nunca se había visto algo semejante en la larga historia de la iglesia cristiana».

Tras él, la historia posterior del pietismo estaría asociada a una antigua compañía de cristianos perseguidos, conocidos como«Unitas Fratum» (Hermanos Unidos), quienes después de largos años de peregrinación encontraron finalmente un hogar en las tierras de un poderoso noble alemán, el conde Nicolás Von Zinzendorf, formado profundamente en las enseñanzas de Spener y Francke. Junto a él iniciarían un nuevo capítulo en la historia del pietismo, cuyas consecuencias serían de vasto alcance. La historia posterior los conocería como «los hermanos moravos».

 

Legado del pietismo

Sin duda, el pietismo ha cavado un poderoso surco en la historia de la restauración de la iglesia hacia el modelo neotestamentario. Su énfasis en el nuevo nacimiento como experiencia cardinal de todo cristiano auténtico, así como una subsiguiente vida transformada, resulta perenne. La mera adopción mental de un credo ortodoxo –enseñaban– no basta para salvar a los hombres. Es necesario un nuevo nacimiento que transforme a los hombres desde la raíz de su ser.

La fe no debe ser entendida sólo en la cabeza, sino sobre todo experimentada en el corazón, vale decir, y hablando bíblicamente, en el centro emotivo y volitivo del hombre. Debe afectar la totalidad de la experiencia y conducta humanas. Esta fue siempre la esencia del cristianismo verdadero. Y fue el estandarte que tomaron de manos del pietismo tanto los hermanos moravos, como el avivamiento metodista posterior de Withefield y los hermanos Wesley.

Por otra parte, los pietistas vieron correctamente que las controversias teológicas contribuían a establecer un clima propenso a un cristianismo meramente mental, carente de experiencia espiritual. Por ello, al enfatizar la vida por encima del conocimientomeramente intelectual de la doctrina cristiana, redescubrieron el genuino fundamento de la unidad de la iglesia.

Contribuyeron, además, al surgimiento de una gran cantidad de literatura devocional que enfatiza la comunión viva del creyente con Dios, como también una gran parte de la música de inspiración y adoración contemporánea.

Y, finalmente, y no menos importante, pusieron un decidido énfasis en el sacerdocio de todos los creyentes, abogando por el surgimiento de una iglesia más orgánica en su vida y expresión, donde todos los santos fuesen participantes activos del ministerio. Sus éxitos en este campo fueron parciales debido quizá, a su intento de reformar la iglesia «desde adentro».

El tiempo probaría que su idea de la «ecclesiolae in ecclesia» no era viable. O los círculos pietistas acabaron por separarse de la iglesia luterana de sus días, o bien, fueron reabsorbidos y desaparecieron. De todo ello, nos queda como enseñanza que la iglesia del Nuevo Testamento sólo puede surgir y crecer allí donde está libre de las limitaciones que impone cualquier estructura u organización humana extraña a su esencia; libre para seguir fielmente la dirección de la vida que opera en su interior.

Profeta de la piedad

En cada generación, Dios ha tenido un remanente que se ha esforzado en restaurar la verdadera fe según el modelo apostólico. La Alemania del siglo XVII fue el hogar de algunas de tales personas, conocidos como los pietistas. Ellos oraban y anhelaban ver la iglesia restaurada a su pureza y poder original.

La visión y los sueños de estos cristianos auténticos tienen una voz profética en el ministerio de Philipp Jakob Spener, considerado el padre del pietismo.

El pietismo es un movimiento del siglo XVII y XVIII, principalmente dentro del protestantismo alemán, que buscó complementar el énfasis en los dogmas de los círculos protestantes ortodoxos, concentrándose en «la práctica de la piedad», basada en la experiencia interior y expresándose en una vida de compromiso religioso.

Sin embargo, en un sentido amplio, el pietismo no era algo nuevo. Puede remontarse con discernible continuidad hasta los padres antiguos (Macario, Efraín Syrus, Gregorio de Niza) y la devoción moderna de la Edad Media tardía (Nicolás de Cusa, Tauler). Antes de Spener, destellos más tempranos del pietismo fueron manifiestos en teólogos protestantes como Johann Arndt (1555-1621), cuya obra iba a contribuir mucho al movimiento pietista posterior.

 La época

Nacido en 1635 en un hogar cristiano practicante, Spener creció en los días subsiguientes a la Guerra de los Treinta Años. El historiador Fred E. Stoeffler ha dicho: «Es difícil sobrestimar el efecto catastrófico de la Guerra de los Treinta Años en el pueblo alemán. Con el país a merced de la soldadesca europea, la destrucción fue tal que aldeas enteras e incluso ciudades simplemente desaparecieron».

Esta guerra fue sólo una manifestación de la relación fatal entre la iglesia y el Estado en ese tiempo. En el siglo XVI los reformadores se habían vuelto a los príncipes alemanes, como «los miembros principales de la iglesia», para que intervinieran en la reforma de la iglesia en sus tierras. Este movimiento fue considerado necesario porque, en ese momento, los movimientos religiosos divergentes fueron sistemáticamente exterminados por ejércitos fieles a la Iglesia de Roma. De hecho, si los líderes de la Reforma no hubieran tenido los ejércitos de nobles europeos a su favor, probablemente habrían corrido la suerte de los movimientos disidentes anteriores, como el genocidio de los albigenses y los valdenses.

Es difícil para el lector moderno apreciar cómo habrá sido la vida en una época cuando la tolerancia religiosa era algo inaudito. Sin embargo, fue este hecho el que originalmente provocó la asociación con el Estado. Por desgracia, esta apelación a la ayuda estatal llevó con el tiempo a una condición de control permanente. En la segunda mitad del siglo XVII, muchos de los gobernantes sólo eran miembros nominales de la iglesia, aunque ellos sostenían la legislación eclesiástica firmemente en sus manos, y también eran quienes elegían a aquellos que cumplían funciones en la iglesia.

La iglesia y Estado estaban unidos de tal manera que el Estado controlaba la iglesia, y los ministros de la iglesia se hicieron funcionarios del Estado. Un ejemplo de la intromisión estatal en la iglesia era el requisito legal de que todos asistieran a la iglesia y pagaran diezmos. No sorprende que este estado de cosas condujese a una participación superficial en la iglesia. Otra característica lamentable fue la terrible cacería de herejes y la caza de brujas, que a menudo envolvía y embrutecía a un territorio dado.

El concepto del Estado cristiano también había eliminado la evidente necesidad de convertir a los perdidos. Se suponía que la mayoría, si no todos los que estaban en la iglesia, eran auténticos cristianos. Tal era el mundo cristiano en los tiempos de Spener.

La infortunada relación entre la iglesia y el Estado no era el único factor que llevaba al aumento de la cristiandad nominal. La teología luterana y práctica eran problemáticas en este tiempo, como testifican muchos además de Spener.

En los seminarios, los estudiantes eran entrenados para hacer teología en latín, como había sido la norma a través de centenares de años. «Disputas» o debates con otras escuelas de teología eran la orden del día. Estas disputas no sólo se hacían contra los reformados, anabaptistas y católico-romanos, sino también contra otros luteranos. Ellas podían llevarse a cabo personalmente o por escrito, y tendían a ser más y más injuriosas. El clero, que había sido entrenado de esta manera, traía estas disputas también al púlpito. Muchos sermones eran ataques sarcásticos y mordaces sobre las ideas del rival, detalladas a menudo con citas del latín, que las personas no entendían ni les interesaban. Esta forma de enseñanza –árida, no bíblica, e inaplicable– fue comparada por algunos a la teología erudita o escolástica, que la Reforma había exigido reemplazar.

En la vida de la iglesia, una distinción rígida entre el clero y el laicado suele ser desmotivadora para los laicos, sobre todo cuando el simple creyente no siente que puede hacer algo de importancia. Sin embargo, no sólo esta distinción era mantenida tan firme como siempre, sino también eran evidentes otras distinciones de clase. Theodore Tappert explica: «Las distinciones de clase eran manifiestas en las iglesias, donde lugares elevados y alfombrados eran reservados para las clases altas, mientras la gente vulgar se sentaba en bancas duras en medio de la nave central».

Stoeffler agrega: «Algunas de las familias nobles de Sajonia no bautizaban a sus niños en la iglesia, porque esto significaba hacerlo con la misma agua usada para otros niños».

Habría habido interés por el crecimiento espiritual, si se hubiese permitido el ministerio al creyente común durante este periodo. Stoeffler resume la situación: «La idea popular dentro de las iglesias territoriales era que un cristiano es alguien que ha sido bautizado, que mantiene alguna conexión formal con la Iglesia haciendo por lo menos uso ocasional de los medios de gracia –la comunión, la Palabra, y el bautismo– y que cree en general las verdades mostradas en los símbolos doctrinales de su comunión y adhiere a sus formas de liturgia».

La situación global entonces, en Alemania y gran parte de Europa, a nivel espiritual, era de apatía general. Las disputas entre teólogos habían disipado el interés de la gente, y la cristiandad misma se había desacreditado por la violencia de las guerras religiosas.

Sin embargo, aunque las personas estaban cansadas del fanatismo asesino, la religión formal imperante no estaba satisfaciendo a nadie. Este hecho es atestiguado por muchos escritos de este periodo, que lamentan el triste estado de la iglesia. Como alguien ha declarado: «De hecho, el pietismo alemán no fue sino una cuerda en una sinfonía de variaciones sobre un tema común – la necesidad de avanzar desde las fórmulas estériles sobre Dios a una experiencia más íntima con él».

 Vida

Philipp Jakob Spener nació en Rappoltsweiler, Alsacia Superior,1 en el seno de una familia aristocrática de convicciones luteranas profundas.

Una temprana influencia la recibió Spener del pastor de la parroquia, Stoll, un luterano estricto con inclinación práctica.

Tras un breve tiempo en la escuela primaria de Colmar, se trasladó a Estrasburgo en 1651. Siendo un estudiante agudo, a la edad de 16 años entró a la Universidad. Allí estudió bajo eruditos luteranos bien conocidos, sobre todo J. C. Dannhaur, que lo hizo leer los trabajos de Lutero. Spener se impresionó tanto con Lutero que él decía después que ningún otro autor desde los tiempos bíblicos le fue tan aclarador. Se puede decir con toda propiedad que Spener recibió su material ortodoxo (incluyendo su eclesiología) de Lutero, a través de Dannhaur.

Cuando se acercaba a la culminación de su educación «se volvió progresivamente más bíblicamente orientado y sus escritos teológicos son cada vez más exegéticos y prácticos. Aun siendo contemporáneo de Hobbes, Lock, Spines, Bacon, Descartes y otros, que estaban causando una revolución filosófica, Spener casi no tomó nota de sus obras filosóficas».

Spener obtuvo su grado de Doctor (1653), mediante una disputa contra la filosofía de Thomas Hobbes.

Después de su graduación, Spener tomó los acostumbrados dos años de viaje. Visitó las universidades de Basel, Tübingen y Ginebra, y comenzó el estudio de la heráldica, que continuó a lo largo de su vida. Una parada interesante en sus jornadas estuvo en Ginebra, donde conoció al místico francés carismático, Jean de Labadie. Labadie más tarde se volvió un místico extremista, y un separatista revolucionario contra la iglesia establecida.

Spener volvió a Estrasburgo en 1663, donde fue designado predicador sin obligaciones pastorales. Allí llegó a ser tutor privado de los príncipes Christian y Charles del Palatinado, y disertó en la universidad sobre filología e historia.

En 1670 fue invitado a ser el pastor principal en la Iglesia Luterana en Frankfurt. Allí fundó grupos de estudio bíblico y devoción que él llamó «escuelas de piedad», y que dio origen y nombre al pietismo.

En 1675, cinco años después de empezar este «experimento», escribió un prólogo a una colección de sermones de Johannes Arndt (1555-1621), autor que conocía de la biblioteca en su casa paterna, y cuyo Cristianismo Verdadero debió leer y releer hasta convertirse en su favorito. El título de la introducción era Pia Desideria (Anhelos Piadosos) –que más adelante resumimos–; y en pocas semanas este notable pequeño tratado produjo una reacción asombrosa a través de gran parte de Europa.

En 1686 aceptó la invitación a la primera capellanía judicial en Dresden, entonces una posición muy importante en el luteranismo alemán. Pero el Elector John George III, por cuyo deseo personal le había sido ofrecido el puesto, pronto se ofendió por la temeraria escrupulosidad con que su capellán asumía sus deberes pastorales.2 Spener se negó a renunciar a su puesto, y el gobierno de Sajonia dudó en despedirlo.

Por eso, Spener aceptó feliz una invitación para ser el preboste de la Iglesia de St. Nicholas en Berlín en 1691. Aquí, fue apoyado ampliamente por el príncipe Federico III de Brandenburgo-Prusia y, como resultado, ejerció mucha influencia sobre las condiciones de la Iglesia. A causa de su ascendiente, la nueva Universidad de Halle, fundada por el elector en 1694, llegó a ser el centro del pietismo. En ella estudiaron prominentes cristianos, como el conde Von Zinzendorf.

En toda su larga vida, Spener se vio expuesto a ataques y abusos de los teólogos luteranos ortodoxos; con los años, sus antagonistas se multiplicaron y el movimiento que él había creado sirvió cada vez más como tema para la crítica hostil. En 1695 la facultad teológica de Wittenberg lo acusó por 264 errores, y solamente su muerte lo liberó de estos feroces conflictos.

Mientras el pietismo siguió los caminos trazados por Spener y su discípulo August G. Francke, produjo resultados beneficiosos. Sin embargo, en la expresión subjetiva de todo el movimiento, estuvo expuesto desde el principio a muchos abusos. Degeneró a menudo en fanatismo, presuntas profecías, visiones, y estados místicos (ej., ‘sudores de sangre’). Este pietismo decadente llevó a la formación de varias comunidades independientes, algunas abiertamente fanáticas.

 Pensamiento

Spener era un hombre de visión y dirección prácticas. Tenía una buena comprensión de las necesidades de las iglesias, y de cómo remediarlas. Conceptos que hoy son considerados nuevos e innovadores en muchos círculos cristianos, fueron mostrados por este antiguo profeta alemán.

Al igual que la mayoría de los pietistas del siglo XVII –aunque más de alguien sostiene que Spener mismo no era un pietista, pues no cargó con los defectos de los pietistas posteriores (ciertas prácticas legalistas y separatistas)–, era un luterano convencido de que las enseñanzas de Lutero habían producido una iglesia reformada sólo a medias. Alemania estaba llena de cristianos profesantes que habían sido instruidos académicamente sobre la salvación a través de la fe, pero todavía faltaban los frutos santos de la fe. Spener vio que muchos carecían de todo amoroso temor y devoción por el Señor Jesús. Un espíritu de presunción había entrado en la iglesia, causando que muchos tomaran con descuido la gracia de Dios.

Apenas llegado a Frankfurt, en 1670, Spener empezó a reunir pequeños grupos de creyentes que, como él, no estaban satisfechos con una religión sin vida. Se reunían con el fin de estudiar la Biblia, orar y velar unos por otros. «En poco tiempo estas reuniones se extendieron a lo largo de la ciudad. Personas interesadas en la edificación espiritual formaban células y se reunían para promover la piedad cristiana y la devoción seria».

Spener no consideraba estas reuniones como una nueva iglesia, sino como una extensión de la Reforma al interior de las iglesias reformadas. Ellos alentaron la formación de «grupos celulares», pequeñas iglesias dentro de la Iglesia. «Los pietistas en los Países Bajos fueron los primeros en usar el término `Huis Kerk’ –iglesia hogareña– para sus reuniones de renovación».

En ellas, Spener daba expresión a las cargas de su corazón. Con gran celo, predicaba el arrepentimiento, denunciaba la apostasía de la Novia de Cristo de su primer amor, y anunciaba un sólido mensaje enfatizando el mandato bíblico del carácter santo y la vida santa.

 Pia Desideria

Su pensamiento está muy bien desarrollado en su obra más conocida: «Pia Desideria», escrita por este tiempo en Frankfurt, la cual, pese a su brevedad, plantea un programa completo para el desarrollo de la piedad.

Este pequeño libro, publicado originalmente –como se ha dicho– como un Prólogo a una edición de sermones de Arndt, tiene algunas cualidades muy especiales, como describe Aland: «Spener permanece totalmente en la corriente de una tradición, aunque con los medios a nuestra disposición no es posible demostrar con certeza cuándo él realmente dependía de ella. Esto es evidente … Spener representa un fenómeno único. Innumerables libros sobre el mismo tema se escribieron antes y después de Spener. Sin embargo, ninguno de ellos se acerca siquiera a Pia Desideria en la concisión y claridad de su pensamiento y el logro de su propósito. Todas las ideas y las propuestas para una reforma de las condiciones existentes habían sido presentadas una y otra vez antes de él. Pero sólo Spener fue capaz de reunirlas de la manera en que las encontramos en Pia Desideria».

Pia Desideria contiene el resumen más claro de la teología de Spener. Él empieza con una introducción que advierte al clero que ellos no tendrán que responder a Dios por cuán hábiles fueron en ganar debates. «En cambio, seremos interrogados de cuán fielmente y con qué corazón de niños buscamos extender el reino de Dios; con qué enseñanza pura y piadosa y con qué digno ejemplo intentamos edificar a nuestros oyentes en medio del menosprecio del mundo». El modelo de Spener de mirar más allá de lo externo y superficial, hacia las realidades espirituales que están detrás de la situación, es inmediatamente claro.

Después de la introducción, la primera sección contiene un extenso lamento por la condición de los tres estamentos de la sociedad luterana alemana. Del primer estado, la nobleza, él se queja de que ellos no usan su autoridad gubernamental en interés a edificar una sociedad cristiana. ¡Cuántos de ellos hay que no tienen preocupación alguna por lo espiritual, que no tienen nada que ver sino con lo temporal!

Como ya se mencionó, la relación entre la iglesia y el Estado era estrecha en aquellos días, y él no veía nada malo en esto, salvo el hecho de que la nobleza no estaba cumpliendo con su deber.

Del segundo estamento, el clero, su crítica principal es que ellos habían reemplazado la simple y clara predicación del evangelio con un interés morboso en la crítica polémica. Una fuente de esto era la educación unilateral y poco práctica que los ministros recibían en el seminario.

«Cuando las mentes de los hombres se llenan con tal teología que, aunque conserva la fundación de fe de las Escrituras, construye con tanta madera, heno y hojarasca de curiosidad humana de modo que ya no se ve el oro, se vuelve sumamente difícil de asir y encontrar placer en la simplicidad real de Cristo y su enseñanza. Esto es así porque el gusto de los hombres se acostumbra a las cosas más encantadoras de la razón, y después de un tiempo la sencillez de Cristo y su enseñanza parece ser insípida. Tal conocimiento que permanece sin amor, envanece (1ª Corintios 8:1). Deja al hombre en el amor de sí mismo; de hecho, cría y fortalece tal amor cada vez más. Allí se originan usualmente las sutilezas desconociendo las Escrituras, en el caso de aquellos que las introducen, en un deseo de exhibir su sagacidad y su superioridad sobre otros, para tener una gran reputación y obtener beneficios de ello en el mundo. Ellos apenas pueden guardar lo que toman y lo comercializan por lo que les da mayor placer, y por lo general se concentran en lo que no es edificante para sus oyentes que requieren salvación».

Finalmente, del tercer estado, los campesinos y la burguesía, Spener deplora la falta de moralidad bíblica. Los ejemplos que él cita incluyen la presencia de los mendigos y otros pobres que son ignorados por aquellos cristianos bebedores, alborotadores y superficiales en la observancia de las ordenanzas de la iglesia: «Esto lleva a muchas personas a la condenación y aun fortalece una concepción falsa e ilusoria de lo que constituye la verdadera fe. Hay muchos que piensan que esto es todo el cristianismo, y así ellos han hecho bastante si se han bautizado, han oído la Palabra divina en los sermones, se han confesado, han recibido la absolución y han tomado la Santa Comunión».

La denuncia de Spener de todas las formas del pecado es completa. Él no cree en el perfeccionismo. En la siguiente sección dePia Desideria, anticipa una visión de una iglesia luterana reformada. «Si alguno quiere buscar la perfección, debe abandonar esta vida por la próxima. Sólo allí se puede encontrar la perfección, pero nosotros no podemos esperar tenerla antes de la eternidad».

Por otro lado, él resume lo que le gustaría ver: «Sabemos muy bien que un campo del trigo nunca puede ser hallado tan limpio que no haya una sola cizaña en él. Si nosotros avanzamos al punto en que la iglesia está no obstante libre del escándalo público y nadie que vive en escándalo queda en la iglesia sin graves aprensiones y aun la exclusión, los verdaderos miembros de la iglesia comprenden el grado de perfección y dan mucho fruto».

¿Cómo iba a corregir estas deficiencias la iglesia luterana? En respuesta a esta pregunta, Spener presentó una serie de propuestas en la tercera sección de Pia Desideria.

«Primero, debe haber más atención en el conocimiento de la Palabra no sólo por parte del clero, sino también de los laicos. Ellos deben ser enseñados a leerla privadamente, y el clero debe leerla y debe explicarla públicamente».

Es en relación con esto que Spener plantea dos de sus propuestas más dramáticas y de largo alcance – que la iglesia renovara el énfasis de Lutero en el sacerdocio de todos los creyentes, y que ellos lo hiciesen así a través de la iniciación de la «escuela de piedad». Estas eran pequeñas reuniones interactivas de cristianos laicos que se abocaban a la exposición de la Biblia, la exhortación y la oración. El formato de reunión descrito en 1ª Corintios 14 fue subrayado como el modelo para las reuniones en las casas.

«Quizás sería útil volver a la antigua forma apostólica de reunirse la iglesia, que conduce a la madurez del pensamiento. Además de los sermones de costumbre, sostener otras reuniones de la misma manera que describe Pablo en 1ª Corintios. En lugar de una sola persona levantándose para enseñar, lo cual puede ser hecho en otros momentos, también pueden contribuir otros que han sido bendecidos con talentos y visión. Ellos podrían expresar sus pensamientos piadosos que podrían ser instructivos para los demás acerca de las materias discutidas, sin desorden ni contiendas. El aporte de cada uno sería examinado por el resto, sobre todo por aquéllos cuyo ministerio es la enseñanza, acerca de la conformidad con el intento del Espíritu Santo en las Escrituras y así el grupo entero sería edificado».

De hecho, en las reuniones hogareñas propuestas por Spener, todos tenían ocasión de expresar su sentir y hacer preguntas. Él enseñaba que «los creyentes no son pasivos en materias espirituales, sino que tienen una responsabilidad en la mutua edificación en la fe».

Spener sostenía que este tipo de disposición era necesario, puesto que la gente no estaba aprendiendo la Biblia a través de las acostumbradas reuniones de domingo.

«Ahora, si alguien reúne todos los textos que se han presentado en muchos años, uno tras otro, a una congregación, habrá sólo una parte pequeña de la Escritura que ha sido expuesta. La congregación no oye el resto en absoluto, u oyen sólo unos pocos dichos o directivas mencionados en el sermón, sin poder entender toda su importancia aunque haya algo importante en ellos. La gente tiene poca oportunidad de asir la comprensión de las Escrituras en otra forma después que el texto les ha sido interpretado. Ellos tienen menos ocasión de usar las Escrituras como su edificación requiere».

También era necesario establecer lo que Lutero había llamado el «sacerdocio espiritual» como una realidad, en lugar de letra muerta. Esto debe hacerse porque una de las razones prioritarias por las cuales el ministro no puede lograrlo todo ni puede llevar a cabo lo que debería ser fácil, es que él es demasiado débil sin la ayuda del sacerdocio universal de todos los creyentes. No es suficiente cuando normalmente sólo a uno se le confía el logro de todo lo necesario para la edificación de las personas bajo su cuidado.

La cuarta propuesta tiene que ver con la vida moral de las personas. Aquí, Spener clama por la enseñanza y advertencia clara con respecto a amar a Dios y a nuestros semejantes. «Cuando nosotros despertamos un amor ferviente entre cristianos –primero unos a otros, luego hacia todos los hombres– ambos (el amor de hermanos y el amor a la humanidad) deben seguir uno al otro (2ª Pedro 1:7) – y llevarlo a la práctica, entonces casi todo lo que nosotros deseamos es cumplido».

Los cambios en la conducta durante el ejercicio de las ‘disputas’, son la quinta parte del programa de Spener. Él concordaba con Arndt que no toda discusión es útil, pero sentía que «los líderes no deben abandonar del todo la práctica del debate, porque la defensa de la verdad pura, y también la discusión que es parte de su defensa, debe mantenerse en la iglesia así como otras funciones ordenadas para la edificación de la iglesia. Cristo, los apóstoles, y sus seguidores destacan como ejemplos benditos que también disputaron, refutando poderosamente los errores y defendiendo la verdad. Por otro lado, aquéllos que rechazan y condenan este uso necesario de la espada espiritual de la Palabra divina podrían exponer a la iglesia cristiana al mayor peligro, en tanto que debería ser usada contra la falsa enseñanza».

Sin embargo, ellos debían observar un comportamiento amoroso y no debían ofender a sus antagonistas. Él pensaba que ellos debían comprender las limitaciones de las discusiones, y aceptar aquellas de otras confesiones cristianas. Por último, los disputadores debían practicar el amor y las buenas obras para confirmar sus argumentos.

La quinta propuesta trataba de corregir las deficiencias en el clero. Spener creía que los seminarios debían escoger sólo a estudiantes moralmente calificados. Debía haber un esfuerzo por averiguar lo que habían sido sus vidas antes de ser admitidos. Una vez allí, los maestros debían supervisar las vidas de los estudiantes, insistiendo en la piedad además de la erudición. Debían abandonar las fiestas, las bromas y el escándalo, y aun exhibir certificados del seminario declarando que el graduado estaba calificado para ministrar debido a su vida piadosa.

Él sentía que las discusiones debían ser tarea de sólo algunos en el seminario, y que la prioridad del enfoque era saber enseñar la fe en alemán a su pueblo. Así, el objetivo del seminario debería ser producir predicadores prácticos, no ociosos intelectuales.

Para adiestrar el caminar privado de los estudiantes, Spener recomienda libros de místicos medievales tardíos como La Teología Alemana, de Tauler, y la Imitación de Cristo, de Kempis. Estos libros, junto con la Biblia, son los que, según Spener, probablemente hicieron de Lutero lo que él fue. El propio libro de Arndt también es de la clase deseada.

Finalmente, la sexta propuesta es que, existiendo el clero, debería predicar mensajes planeados para confirmar la fe y fructificar en los oyentes. No deberían diseñarse para mostrar cuán conocedor era el predicador, sino para edificar moralmente. En otras palabras, los sermones debían ser prácticos, tanto al enfocar el cambio interior, así como el exterior. Ningún mensaje debería carecer de aplicación.

Por último, Spener da una breve introducción literaria y bibliográfica al volumen de los sermones de Arndt. Él comenta que: «En estos escritos espiritualmente enriquecedores, él (Arndt) ha dirigido todo al verdadero centro, a la persona interior».

 Efectos de su obra

Como resultado de sus esfuerzos de renovación, fue severamente difamado y perseguido, literalmente acosado por toda Alemania. Cuando huía de ciudad en ciudad, surgían nuevas iglesias en las casas, reavivando la seca y formal iglesia luterana.

Spener era claramente luterano en su soteriología,3 no obstante, luchó por una forma de santificación motivada en el corazón (un movimiento de progresión espiritual distinto de la justificación) en la vida cristiana.

A causa de esto, Spener ha sido etiquetado como un calvinista, así como acusado de reintegrar «la justicia por obras», pero él mantuvo siempre la soteriología del «querido Lutero»: «Nosotros reconocemos alegremente que debemos ser salvos sólo y exclusivamente a través de la fe y que nuestras obras o la vida piadosa no contribuyen mucho ni poco a nuestra salvación, porque como fruto nuestras obras se conectan con la gratitud que debemos a Dios, que ya nos ha dado a quienes creemos el don de la justicia». Así, Spener mantuvo la justificación forense (una visión legal, sustitutiva, de la expiación), pero intentó ir más allá para explicar más explícitamente lo que la unión con Cristo significa realmente para los que viven la vida cristiana.

No obstante la fidelidad de Spener a la teología luterana, sus seguidores –los pietistas– fueron criticados por su énfasis en las buenas obras como prueba de fe salvadora, y condenados a causa de su indiferencia a la autoridad centralizada manifiesta en sus reuniones de piedad.

Con enemigos formidables, como Johann Benedict Carpzov, Spener fue llevado de Frankfurt a Dresden, y Francke de Leipzig a Halle. Sin embargo, los pietistas generalmente eran indiferentes a su estado marginal; ellos se veían a sí mismos como fermento en la iglesia y la sociedad y estaban satisfechos con semejante papel.

El entusiasmo de Spener por la reforma de la Iglesia Luterana de la cual nunca quiso disociarse, y su insistencia en la vida religiosa interna del individuo, tuvieron una influencia profunda y beneficiosa en el protestantismo alemán. Aunque muchos de sus escritos eran respuestas a la ortodoxia escolástica, eran más una reacción a un estilo de teología, un estilo estéril, polémico y demasiado racionalista. Sin embargo, él no discrepaba con el contenido de esta tradición teológica «ortodoxa». De muchas maneras, Spener construyó sobre ella, con un énfasis en la aplicación pastoral de la doctrina, para el cultivo de una fe viva y activa en la vida de sus feligreses.

 Influencia posterior

Sin duda, Spener es uno de los grandes y olvidados restauradores de la Iglesia. Aunque ignorado, él nos ha tocado a todos a través de aquellos que él influenció personalmente.

Uno de sus discípulos fue August Herman Francke (1663-1727), quien inspiró al famoso George Muller a mantener a los huérfanos a través de la fe simple y la oración. Él también impactó al joven conde Zinzendorf (1700-1760) con su poderosa enseñanza y visión de una iglesia apostólica restaurada.

 A su vez, el conde Zinzendorf guió el gran esfuerzo de la misión morava para evangelizar el mundo. Incluidos en aquellos ganados para Cristo por los moravos estuvieron John y Charles Wesley (1703-1791 y 1707-1788). El ministerio de Spener realmente ha impactado el mundo en el que vivimos. La meta de todos sus esfuerzos era tener, en su día, la Iglesia que reflejara la temprana comunidad cristiana apostólica.

Spener fue un escritor prolífico. La lista de sus trabajos publicados comprende siete volúmenes.

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tuhermano escribió esta anotación hace 1 mes. En ella habla sobre Historia De Cristianismo.

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